Justo en los mismos días en que la revista española Zero decide dar su portada a las lesbianas con motivo de la campaña de la FELGTB por la visibilidad lésbica, en otros lugares del mundo se pide que se niegue a las organizaciones LGBT usar la palabra lesbiana.

Los habitantes de Lesbos (también llamada Mitilini), quieren que lesbiana sólo sea un gentilicio, en tal sentido han pedido a la Justicia de su país que la denominación "lesbiana" responda en Grecia sólo a un gentilicio y que se excluya del nombre utilizado por una organización griega de homosexuales. Piden a la justicia que la Comunidad Griega de Homosexuales y Lesbianas (OLKE) omita ese término debido a que "la identidad histórica y regional y la personalidad se ven insultados por el uso ilegal del sustantivo y el adjetivo", declaró Dimitris Lambru, director de la revista de cultura "Davlos" de la isla. El isleño informó que en caso de que la Justicia griega no les dé la razón, están dispuestos a llevar el caso ante el Tribunal de Justicia Europeo.

Con relación a la dificultad que tienen algunas mujeres a ser llamadas lesbianas invité a un grupo de mujeres a mi apartamento. Todas ellas tienen algo en común: en los últimos años han sostenido o mantuvieron relaciones afectivas, eróticas y genitales con otras mujeres, se sentían felices de sus experiencias y no tenían algún conflicto por su conducta sexual. Parecía una reunión bastante armoniosa a pesar de que diferían en sus edades, gustos, grupos sociales y su apariencia corporal y de vestido, sin embargo, al colocar un tema específico de conversación, la armonía fue desapareciendo como por arte de magia, incluso, algunas se sintieron molestas con el tema y otras expresaron las desavenencias surgidas entre ellas mismas. El tema planteado fue ¿cómo prefieren ustedes que las llamen?

Yo cité algunos términos que me parecen sexistas y discriminatorios, que considero de ninguna manera logran definirlas, por ejemplo, llamarlas "marimachos" o "machorras"; son alusiones que creo pretenden identificarlas partiendo del preconcepto que una mujer que asume esta identidad y sus prácticas es de alguna manera una mujer que renuncia a su papel de mujer y a su rol de género. Otras jergas, aun cuando tienen estos mismos preconceptos, además presuponen que la genitalidad no es posible cuando no existe un falo de por medio; una palabra bastante corriente desde este imaginario es "arepera", "tortillera" o "bollera". En España, las lesbianas la usan frecuentemente para referirse a sí mismas y a sus congéneres

El general a todas les molestaba ser identificadas con dichas palabras y con una genitalidad considerada como propia o exclusiva de hombres. A pesar de ello, una manifestó que le agradaba que en la intimidad "su mujer" la llamara "papito". A lo que otra respondió que oír esta expresión en labios de su pareja sería una razón suficiente para dar por terminada la relación. Su interlocutora le respondió "eso es problema mío, es problema de cada una". Algunas otras dijeron que "eso" era un problema para todas ellas, ya que "por ello era que las llamaban con esos términos marcadamente masculinos y agresivos".

En medio de la charla, les comenté a ellas que particularmente me molestaría que mi pareja, o incluso un amigo, me dijera en algún momento "mamita". Primero por que yo no soy su progenitora, y segundo porque no me asumo de género femenino y menos aún transgénero. A lo que otra me respondió "muy probablemente usted utiliza la palabra papito y sin embargo su pareja no es su progenitor". Por supuesto respondí que sí, pero que una cosa es ser "papito" y otra "mamita". Aun cuando no lo dije, considero que a las mujeres a quienes llaman "papito" tampoco se consideran progenitores de sus parejas, o sea que si les gusta ser llamadas de esta manera muy seguramente es porque se asumen al interior del género masculino, o si se es hombre, en el género femenino.

A algunas mujeres, ser llamadas "gay" les suena "elegante" y además "respetuosos", pero para otras es simplemente un extranjerismo que no tiene sentido. Otra opinó "lo mío no siempre fue alegre", incluso una de ellas considera que es una palabra para hombres, por tanto prefiere llamarse "homosexual femenina", yo pregunté: ¿si una mujer presenta comportamientos masculinos, entonces sería una mujer homosexual masculina? Algunas sonrieron, pero otra se molestó fuertemente, ella afirmó "una mujer siempre lo será, y no deja de ser femenina así en algunos momentos su comportamiento no lo sea tanto". Otras opinaron que no se puede negar que algunas mujeres se visten y se comportan de manera masculina.

Una de ellas considera que "homosexual es un término que socialmente refleja una conducta sexual de hombres". Varias estuvieron de acuerdo en que prefieren ser nombradas con esta denominación que con algunas otras, pero no todas estaban de acuerdo. Otras opinaron que llamarlas homosexuales era desconocer en ellas "una sexualidad diferente".

Yo pregunté si era posible encontrar una palabra con la que todas pudieran estar de acuerdo para hacer referencia a su práctica y a su conducta. Me asombró el silencio absoluto, las miradas se cruzaron una y otra vez, pero no surgió alguna propuesta.

Como broma, pregunté si ellas, que eran mujeres de esta época, preferirían llamarse "Mitelenes". Ninguna entendió mi comentario, probablemente porque no conocían que Lesbos, la isla griega de la antigüedad, lleva hoy ese nombre. Muy pocas conocían la historia del término "lesbiana"; algunas creían recordar que Lesbos era una "poetisa griega", una de ellas aclaró que la poetisa era Safo y que la isla en que vivía se llamó Lesbos, pero pensaba que ella escribía poesía que tan solo hablaba de las relaciones entre mujeres; lo que todas ignoraban era que Safo poseía una escuela en aquella isla y que quienes iban allí eran mujeres, que eran iniciadas en la poesía y en la danza, como era la costumbre para las jóvenes helenas. Lesbos era una isla prohibida para los hombres.

También les comenté sobre  el renacimiento y el "batallón volante" de Catalina de Médicis y de cómo en Francia en el siglo XVIII la Reina María Antonieta auspició la creación de sociedades devotas de Safo, a las que llamaron Anandryne, que quiere decir anti-hombre. La presidente de esta sociedad fue una célebre actriz llamada Mademoiselle Rancourt. En ella figuraron con cargos importantes: la Duquesa de Villeroy, la Princesa de Lamboalle, la Condesa de La Mont, la Condesa Jules de Polignac y La Reina; a este grupo de mujeres las llamaron lesbianas y se reunían en el palacio propiedad de Madame de Furiel.

Aun cuando ser lesbiana fue relacionado con nobleza, a la mitad de las presentes les pareció un nombre "terrible, despectivo y discriminatorio", así como otras lo encontraron adecuado e incluso "políticamente correcto".

Una de ellas dijo sonriente "Yo prefiero que me llamen linda", y en verdad lo es, pero no todas son lindas.  No hubo un consenso. No logré captar cómo desean ser llamadas, y sé que políticamente, y mientras no haya otro nombre, seguiré llamándolas lesbianas. El lenguaje en cuanto a las mujeres y su sexualidad es tan árido y desértico, como Mitelene. Esta sumada a otras no tan explícitas razones es el fundamento por el cual para algunas de ellas "esto no tiene nombre".

La pregunta que me quedó entre el tintero fue ¿dónde queda la visibilidad lésbica?

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